¿Qué está pasando en estos días en la bodega?. Pues andamos liados con un palabro la “Fermentación Malolácticapalabro que es muy importante, pues esta fermentación influye totalmente en el sabor y textura del futuro vino.

La Fermentación Maloláctica, es la segunda fermentación por la que pasa el vino (la primera fue la alcohólica).
El mosto de las uvas, que llega a la bodega, contiene azúcares y ácidos, entre ellos el ácido málico – ácido, de sabor duro– éste se transforma, por medio de bacterias lácticas en ácido láctico -mucho más suave, agradable-. Las bacterias se encuentran de forma natural, en la propia uva.

Con la Fermentación Maloláctica se suaviza la acidez del vino y le aporta sensaciones más agradables. Disminuye su astringencia, menor sensación herbácea o vegetal, se consiguen que sean vinos más equilibrados, con una mayor complejidad aromática y que tengan volumen en boca, es decir se evita que sean vinos ásperos en boca, no agradables o demasiado fuertes.

Es una técnica que se da de forma espontánea, siempre y cuando las condiciones de temperatura sean adecuadas (entre 20 y 23 grados) y cuenta con un estricto seguimiento por parte de la bodega, se controla como van evolucionando las bacterias y su efecto sobre el futuro vino.

La Fermentación Maloláctica es necesaria en los vinos tintos y sólo en elaboraciones concretas se lleva a cabo en los blancos.