No ha sido fácil, pero lo hemos conseguido, el trabajo en el campo con la viña, llega a su final. Las últimas lluvias nos han regalado ese “poquito más” que necesitamos, para elaborar nuestro vino soñado. La magia está a punto de comenzar.

En la bodega hemos seguido cada paso de la maduración de la uva, cada gramo de azúcar que las levaduras transformarán en alcohol, siempre mirando al cielo, cuidando la sanidad del viñedo. Os contamos cómo son estos días previos, al “gran momento” de la vendimia.

Tras una maduración de la uva en los meses de más calor, llegó esta semana una lluvia inesperada, que ha retrasado la recolección. A diario vamos haciendo pruebas al fruto en el laboratorio de la bodega, la uva se va “muestreando” (se comprueban sus características, su desarrollo). La clave es matizar el momento de cosecharla.

Seleccionamos diversas uvas, de varias cepas al azar, de distintas zonas de la planta, de las que están más o menos expuestas al sol, a los vientos, etc. Se comprueba que el estado visual sea bueno, su tamaño. Se cortan por la mitad para poder apreciar el espesor de la piel, la pulpa y sobre todo las semillas, donde según su color se puede ir determinando si el fruto ha llegado al momento perfecto de maduración.

Posteriormente se prueba la uva, se extrae un pequeño mosto para valorar la cantidad de azúcar y con una máquina, denominada refractómetro, obtenemos una previsión del alcohol que tendrá ese mosto, después fermentar.

Y en este momento estamos…  y en el exterior de la bodega va cayendo lluvia… que siempre es bienvenida, aunque no en exceso.