La elaboración de nuestros vinos responde al patrón de una enología que llamamos “razonable”, y que incluye el uso de sulfuroso en dosis muy bajas, evitando además el añadido de cualquier producto que no figure entre los componentes originarios de la uva.

Los tratamientos físicos son mínimos, en consonancia, y se prescinde de cualquier práctica agresiva que merme las bondades del producto.

El objetivo es obtener vinos que respondan a los gustos actuales, partiendo de un estilo artesanal y trabajados en cantidades limitadas.

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El compromiso personal con este paraje, en pleno páramo alcarreño, tiene ahora su reflejo en las cepas que rodean la bodega y que son la base única y exclusiva para elaborar nuestros vinos.

Un total de doce hectáreas que ocupan terrenos de arcilla y arena, en las que realizamos prácticas vitícolas sostenibles, con empleo de productos autorizados en la gestión ecológica de los viñedos.

La altitud del terreno, 870 metros sobre el nivel del mar, junto a la disposición de la plantación y la presencia de vientos secos durante todo el año, son circunstancias que contribuyen a proteger el cultivo de las enfermedades típicas en la vid. 

En tiempo de cosecha -y después de una minuciosa selección de racimos- se aprovecha el desnivel arquitectónico de la bodega para optimizar los movimientos de las uvas en el arranque del proceso de vinificación.

Los depósitos con capacidad para diferentes volúmenes, entre 1.000 y 10.000 litros, facilitan el seguimiento de los mostos que han de fermentar, separados en función no sólo de la variedad vinífera sino del comportamiento de las viñas en diferentes zonas de la propiedad, tomando como referencia tipos de suelos y orientación de las plantas.

Año tras año, el ciclo vegetativo se repite en nuestras parcelas: En «El Nogal» madura el Cabernet Sauvignon, mientras que en «La Loma» se prepara la Garnacha, y así también en «La Cuesta o Los Cantos«, reservadas para los mejores Tempranillos.